Supe que mi día empezaba mal cuando llegando a la parada, mi colectivo favorito, (el 188 rápido) burlaba un semáforo en rojo y me condenaba a esperar veinte minutos hasta el siguiente. Cuando pierdo el bondi sé que llego tarde a la escuela. No existe tal cosa como resignarme y tomar un taxi. Si le llego a decir a un tachero “Itatí y Camino negro” se mata de risa. Además me fundo.

Ahora, de ahí a pensar que iba a ver cómo carneaban un lechón en Fiorito, así, de la nada, hay mucha distancia. Me sentí adentro de “Cuidad de Dios”. A ver, ya sé que se matan animales para comer, pero ver el modus operandis no está en mi schedule. Llegar a la escuela y enterarme de la muerte de la hermana de una alumna por no conseguir remís para llegar al hospital, me superó.

Mientras, en Capital, mi novio se divierte con Twitter.