Me gusta leer en el colectivo. Como voy al revés de los demás (cuando todos vienen a capital, yo voy a provincia) siempre viajo sentada. Hoy leía un libro nuevo: Violencia y escuela, y pensaba en los episodios que tuve que denunciar el año pasado (ya les contaré), sobre todo uno muy grave, que llegó de improviso y no me sentí preparada para afrontarlo.

Pienso también que en los profesorados nos enseñan a evitar el contacto físico con los chicos. No debemos abrazarlos. Apenas un beso frío, para que no haya peligro de que un padre nos denuncie, o que el chico se encariñe demasiado con nosotros. Pero eso no lo puedo cumplir. Mis alumnos buscan contensión, afecto, abrazos. Yo no puedo negárselos. Ellos se sienten más cómodos conmigo para contarme luego lo que les pasa, porque algunas veces es terrible, y eligen la persona más cercana en el ámbito escolar. Les quiero transcribir un párrafo que me gustó del libro:

…”Según varios estudios en la materia, gran parte de los adultos que en su infancia crecieron en hogares violentos no repitieron ese modelo con sus hijos y pudieron consolidar familias unidas por lazos de afecto y buen trato. Cabe preguntarse cómo pudieron crear un nuevo modelo. Sus historias tienen un elemento en común: la presencia de un adulto confiable que los cuidó, creyó en ellos, les dio apoyo en situaciones de extrema necesidad, los protegió y les mostró que existe otra forma de amor y cuidado. Tal vez fue de uno de sus padres, quizá su abuelo o, por qué no, su maestro.” [1]

Entonces; por más que nuestro trabajo como docentes no sea ser madres, tías o abuelas, la escuela de hoy nos impone la tarea de abarcar las necesidades de nuestros alumnos. Podemos estar en contra: la escuela de hoy es para muchos sólo comedor cuando no debiera ser así, podemos quejarnos: nos desgasta, nuestro trabajo no es debidamente remunerado, podemos rendirnos y pulular por la escuela desganados, quejándonos de nuestra profesión. Lo que sé es que nadie nos obliga a ejercer la docencia.

Creo que esto tiene que ver con el sentido de compromiso. Como dijo Freire: “El compromiso sería una palabra hueca, una abstracción, si no involucra la decisión lúcida y profunda de quien lo asume. Si no se diera en el marco de lo concreto

Yo, por ahora, me siento con ganas de seguir aprendiendo y disfrutando de esta profesión. Pero el día que deje de hacerlo, sin duda alguna, voy a cambiar de trabajo.

[1] “Violencia y escuela” Averbuj, Bozzalla, Marina, Tarantino, Zaritsky (comp.). Editorial Aique. Año 2005.