El martes se entregaron los boletines en una de las escuelas en las que trabajo. Cuatro alumnos me dijeron que sus madres querían conocerme. Cuando salí del aula y las ví, me sorprendió la situación: las cuatro estaban embarazadas, con un chiquito en brazos y otro de la mano. Les juro que parecía un chiste. Una era la mamá de Luz. No la conocía, pero sí conozco bien las necesidades de Luz; que come en la escuela y que se turnaba con dos hermanas para usar la única campera que tenían (con algunas compañeras le compramos a Luz la suya). El resto de las madres viven situaciones semejantes, tienen poco y nada. Les juro que me sentí frustrada, triste, con un poco de bronca también. Las madres me hablaban, sonreían, y yo por dentro me contenía para no pedirles razones suficientes que justifiquen esa seguidilla de hijos a los que no pueden cuidar ni brindar lo básico que necesita un chico para crecer y desarrollarse como debe. ¿Por qué tener siete, ocho hijos? Se me ocurre que probablemente están repitiendo lo que vieron de sus padres, pero no me cierra, creo que podemos darnos cuenta de lo que está bien y lo que está mal. Que tu hijo tenga hambre está mal, entonces, ¿no te das cuenta que no podés seguir teniendo hijos? Y no me vengan con que no saben de métodos anticonceptivos porque en cualquier salita les dan lo que pidan, además la gran mayoría son amas de casa, tienen tiempo de informarse.

Más tarde, en otra escuela, una compañera me contó que los vecinos de un alumno de 4to. grado tuvieron que llamar a la policía porque estaba durmiendo afuera de la casa, y no había manera de hacerlo entrar, su propia madre lo había echado, lo echa todas las noches que viene su nuevo novio, porque a este señor no le cae bien el chiquito. ¿Entienden mi odio? ¿Cómo canalizo estas ganas de matar a esa madre? Porque cuando supe eso quise pegarle, de verdad.

Cada vez que escucho historias como esta, entiendo las grandes demandas de mis alumnos. Los enojos si me olvido de abrazar a alguno antes de irme, o si le presto más atención a uno que a otro, si falto algún día. Esos berrinches, el amor desmedido, el terror a las vacaciones de invierno. ¿Se imaginan chicos que odien las vacaciones de invierno? Bueno, mis alumnos están tristes porque falta poco para ese último viernes, donde todos nos despedimos con una sonrisa, menos ellos.

PD: Es tarde y tengo sueño. Haré las correcciones del post mañana. La foto es de malísima calidad, pero dice: “Alumnos con riesgo de abandono”.

Update: Les recomiendo leer este post del blog “Pensamiento Sistémico” que recomendó muy acertadamente Ben Linus, lean “La contracepción podría ser una concepción errónea” después me cuentan que les pareció.