Ciclotimia


* A las 9:30am ya tomaste 4 colectivos.

* Llueven dos gotas y tardás 20 minutos en caminar las 4 cuadras desde el bondi hasta tu trabajo, saltando de piedra en piedra para no hundir el pie en el barro.

* Tenes compañeras de trabajo que se llaman Gladys y venden Avon.

* El colectivo que te deja más cerca es del año 1960 y se rompe. Hay que bajarse a empujar.

* Tu uniforme tiene broderie

* El guiso que te sirven tiene ojos y arterias de pollo, totalmente visibles.

* Nunca podés desabrigarte, no hay estufa y los vidrios están rotos.

* Hay mucho fanático de la virgen de Itatí around.

* Tus compañeros te invitan a reuniones en un tenedor libre chino donde podés llevarte algo de comida a tu casa.

* Tenés vista panorámica del riachuelo.

Hoy estoy quejosa, ya sé que prometí hablar bien de las maestras, será otro día. Ahora estoy ocupada corrigiendo, eso es para los que no creen que los docentes trabajamos tiempo extra. ;)

Ayer estaba en el 188 VIAJANDO PARADA, cosa que odio ya que no puedo leer y me abrutizo, y un viejo descarado y mugriento abrió la ventana para escupir, pero el bondi iba rápido y el viento devolvió la escupida, la misma fue a parar a mi bufanda! Lo que insulté al viejo ese…

Tengo algunas noticias para compartir:

Las buenas:

*David me contó que no va a ir más a trabajar, a pedido de su mamá (no cantemos victoria yet).

* Gracias a dos lectoras que me alentaron con el tema de CILSA, en dos meses, el tío de Gabriel tendrá su silla de ruedas!!

* Pronto podré subir fotos de las mejoras en la casa de Miguel.

Las malas:

* Luz ayer me contó (llorando, pobrecita), que entraron a su casa a robar y se llevaron muchas cosas, hasta una de las camas. Ya saben que si pueden colaborar con algo, será bien recibido.

Antes de irme, les cuento que fui a Starbucks, y se me ocurrió sacar de mi mochila una de las tartitas que les dan a los chicos para acompañar el desayuno. Mi día a día es un poco como esta foto, de Palermo a Villa Fiorito. No me molesta, al contrario, me gustan por igual el café y las tartitas.

El martes se entregaron los boletines en una de las escuelas en las que trabajo. Cuatro alumnos me dijeron que sus madres querían conocerme. Cuando salí del aula y las ví, me sorprendió la situación: las cuatro estaban embarazadas, con un chiquito en brazos y otro de la mano. Les juro que parecía un chiste. Una era la mamá de Luz. No la conocía, pero sí conozco bien las necesidades de Luz; que come en la escuela y que se turnaba con dos hermanas para usar la única campera que tenían (con algunas compañeras le compramos a Luz la suya). El resto de las madres viven situaciones semejantes, tienen poco y nada. Les juro que me sentí frustrada, triste, con un poco de bronca también. Las madres me hablaban, sonreían, y yo por dentro me contenía para no pedirles razones suficientes que justifiquen esa seguidilla de hijos a los que no pueden cuidar ni brindar lo básico que necesita un chico para crecer y desarrollarse como debe. ¿Por qué tener siete, ocho hijos? Se me ocurre que probablemente están repitiendo lo que vieron de sus padres, pero no me cierra, creo que podemos darnos cuenta de lo que está bien y lo que está mal. Que tu hijo tenga hambre está mal, entonces, ¿no te das cuenta que no podés seguir teniendo hijos? Y no me vengan con que no saben de métodos anticonceptivos porque en cualquier salita les dan lo que pidan, además la gran mayoría son amas de casa, tienen tiempo de informarse.

Más tarde, en otra escuela, una compañera me contó que los vecinos de un alumno de 4to. grado tuvieron que llamar a la policía porque estaba durmiendo afuera de la casa, y no había manera de hacerlo entrar, su propia madre lo había echado, lo echa todas las noches que viene su nuevo novio, porque a este señor no le cae bien el chiquito. ¿Entienden mi odio? ¿Cómo canalizo estas ganas de matar a esa madre? Porque cuando supe eso quise pegarle, de verdad.

Cada vez que escucho historias como esta, entiendo las grandes demandas de mis alumnos. Los enojos si me olvido de abrazar a alguno antes de irme, o si le presto más atención a uno que a otro, si falto algún día. Esos berrinches, el amor desmedido, el terror a las vacaciones de invierno. ¿Se imaginan chicos que odien las vacaciones de invierno? Bueno, mis alumnos están tristes porque falta poco para ese último viernes, donde todos nos despedimos con una sonrisa, menos ellos.

PD: Es tarde y tengo sueño. Haré las correcciones del post mañana. La foto es de malísima calidad, pero dice: “Alumnos con riesgo de abandono”.

Update: Les recomiendo leer este post del blog “Pensamiento Sistémico” que recomendó muy acertadamente Ben Linus, lean “La contracepción podría ser una concepción errónea” después me cuentan que les pareció.

Los miércoles me quedo en Capital y tengo un día normal. Me refiero a que no paso de una realidad a otra. El resto de los días me tomo el bondi en la esquina de mi casa y cuando me bajo es otro entorno, otra gente, otras reglas.

Entonces pude utilizar el día para tener clases con alumnos particulares, ver Dexter, escuchar tangos y a Goran Bregovic, comprar libros y comer como bestia. No pienso demasiado en la villa los miércoles. Trato de no hacerlo. El miércoles es mi día Palermístico.

Supe que mi día empezaba mal cuando llegando a la parada, mi colectivo favorito, (el 188 rápido) burlaba un semáforo en rojo y me condenaba a esperar veinte minutos hasta el siguiente. Cuando pierdo el bondi sé que llego tarde a la escuela. No existe tal cosa como resignarme y tomar un taxi. Si le llego a decir a un tachero “Itatí y Camino negro” se mata de risa. Además me fundo.

Ahora, de ahí a pensar que iba a ver cómo carneaban un lechón en Fiorito, así, de la nada, hay mucha distancia. Me sentí adentro de “Cuidad de Dios”. A ver, ya sé que se matan animales para comer, pero ver el modus operandis no está en mi schedule. Llegar a la escuela y enterarme de la muerte de la hermana de una alumna por no conseguir remís para llegar al hospital, me superó.

Mientras, en Capital, mi novio se divierte con Twitter.

Me encantó la película Juno. Me la recomendó una de mis alumnas particulares, la fui a ver sola al cine y me pareció muy dulce. Me bajé la música de Juno. Es simple y feliz. Un jueves salí de una de mis escuelas de Budge a las 17:15. El cielo estaba despejado, la temperatura era perfecta, buena onda con los chicos. Me sentí feliz. Subí al bondi, saludé al bondinero con una sonrisa, me senté y me dispuse a escuchar “Tire Swing”, tema muy lindo de la peli. Pero a medida que el bondi avanzaba, sólo se veía desolación: perros moribundos, bebés descalzos jugando entre la basura, viejos metiéndose al riachuelo para buscar metales. Basura, mucha basura. Muerte y tristeza. La música ya no acompañaba.