Planteos


Directamente del blog de María Esperanza:

Por qué vamos a la plaza

Hoy (por mañana miércoles 18 de junio) a las 13 nos concentramos en Avenida de Mayo y Perú, en defensa de la democracia y en reclamo de mayor distribución de la riqueza y participación popular.

Lo haremos desde nuestra propia identidad y sin ahorrar críticas al Poder Ejecutivo Nacional, pero en respaldo de la institucionalidad democrática y de las medidas progresivas que enfurecieron a una nueva derecha que usa la retórica del diálogo y el consenso y se envuelve en los símbolos nacionales mientras pretende mantener sus privilegios. Con lock-out patronal y desabastecimiento no hay vocación de dialogo. Es imprescindible el levantamiento de las medidas de fuerza, y que el gobierno haga una amplia convocatoria a todos los sectores involucrados, para la discusión integral de un nuevo modelo productivo.

Somos miembros de organizaciones sindicales como la CTA, CTERA, la Unión Obrera Metalúrgica, CONADU; de movimientos como Tupac Amaru y Movimiento Nacional Patria Grande; de organismos de derechos humanos como el CELS, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, las Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos; de pequeños empresarios, como la Asamblea de PYMES y el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos; economistas del Plan Fénix; decanos y profesores universitarios, científicos e investigadores; sacerdotes en opción por los pobres; dirigentes políticos que demostramos la posibilidad de construir alternativas populares sin clientelas ni aparatos; intelectuales y artistas integrantes del agrupamiento Carta Abierta y ciudadanos sin militancia partidaria ni institucional.

No formamos parte del gobierno. Objetamos la destrucción del INDEC y la construcción del tren bala, la negativa a reconocer la personería de la CTA y la alianza con sectores de la mal llamada burguesía nacional, que fue socia de los gobiernos neoliberales. Consideramos intolerable el mantenimiento de altos niveles de hambre y exclusión en uno de los grandes países productores de alimentos del mundo.

Pero la restauración conservadora en marcha, con el impulso de un sector de la izquierda que imagina protagonizar una revolución agraria, no cuestiona los defectos sino los aciertos del gobierno, al que intenta imponerle sus intereses económicos por encima del interés general, sin reparar en costos ni en métodos. Cuestiona la reconstrucción de la autoridad del Estado luego del colapso de 2002, el saneamiento de la Corte Suprema de Justicia, el juicio a los responsables del Estado terrorista, el drástico descenso de la desocupación, la recuperación del régimen jubilatorio estatal, el establecimiento de un haber para las personas mayores de 70 años que no tenían ninguno, el aumento del presupuesto educativo, la creación de un ministerio de ciencia y tecnología, la política exterior independiente, en asociación con los gobiernos democráticos de Sudamérica. No busca un avance sino un salto atrás.

Contra toda evidencia se acusa de autoritario y soberbio al primer gobierno que ha prohibido el uso de armas de fuego en el control de manifestaciones y se moteja de represión violenta al desalojo con guantes de seda de la ruta del MERCOSUR, por la que desde hace tres meses no se permite el tránsito de mercaderías, obligando a tirar millones de litros de leche y toneladas de frutas y verduras. De ese clima deslegitimador, parecido al que minó la presidencia de Arturo Illia, participan en forma tan entusiasta como irreflexiva sectores de las clases medias urbanas influidos por la cobertura tendenciosa de diarios y canales de televisión temerosos de que se democratice la comunicación de masas.

De esta crisis, no menos grave porque se la niegue, sólo se sale con más democracia y más distribución de la riqueza. Para ello se impone una reforma impositiva integral, que grave a todos los sectores que en estos años han tenido beneficios extraordinarios, como la especulación financiera, la minería y la pesca.

Ésa es la voz propia con la que hoy iremos a la Plaza de Mayo, en defensa del valioso trayecto recorrido desde mayo de 2003 y en demanda de su profundización, con mayor calidad institucional y con la participación popular.

Hugo Yasky, Martín Sabbatella, Horacio Verbitsky, Laura Conte, Juan Gelman, Adrián Paenza, Eduardo de la Serna, Abraham Gak, Juan Pablo Paz, Carlos Heller, Horacio González, Nicolás Casullo, Lilia Ferreyra, Ana Cacopardo, Victorio Paulón, Stella Maldonado, Roberto Baradell, Carlos De Feo, Juan Carlos Junio, Alejandro Dolina, Juano Villafañe, Vicente Battista

Me gusta leer en el colectivo. Como voy al revés de los demás (cuando todos vienen a capital, yo voy a provincia) siempre viajo sentada. Hoy leía un libro nuevo: Violencia y escuela, y pensaba en los episodios que tuve que denunciar el año pasado (ya les contaré), sobre todo uno muy grave, que llegó de improviso y no me sentí preparada para afrontarlo.

Pienso también que en los profesorados nos enseñan a evitar el contacto físico con los chicos. No debemos abrazarlos. Apenas un beso frío, para que no haya peligro de que un padre nos denuncie, o que el chico se encariñe demasiado con nosotros. Pero eso no lo puedo cumplir. Mis alumnos buscan contensión, afecto, abrazos. Yo no puedo negárselos. Ellos se sienten más cómodos conmigo para contarme luego lo que les pasa, porque algunas veces es terrible, y eligen la persona más cercana en el ámbito escolar. Les quiero transcribir un párrafo que me gustó del libro:

…”Según varios estudios en la materia, gran parte de los adultos que en su infancia crecieron en hogares violentos no repitieron ese modelo con sus hijos y pudieron consolidar familias unidas por lazos de afecto y buen trato. Cabe preguntarse cómo pudieron crear un nuevo modelo. Sus historias tienen un elemento en común: la presencia de un adulto confiable que los cuidó, creyó en ellos, les dio apoyo en situaciones de extrema necesidad, los protegió y les mostró que existe otra forma de amor y cuidado. Tal vez fue de uno de sus padres, quizá su abuelo o, por qué no, su maestro.” [1]

Entonces; por más que nuestro trabajo como docentes no sea ser madres, tías o abuelas, la escuela de hoy nos impone la tarea de abarcar las necesidades de nuestros alumnos. Podemos estar en contra: la escuela de hoy es para muchos sólo comedor cuando no debiera ser así, podemos quejarnos: nos desgasta, nuestro trabajo no es debidamente remunerado, podemos rendirnos y pulular por la escuela desganados, quejándonos de nuestra profesión. Lo que sé es que nadie nos obliga a ejercer la docencia.

Creo que esto tiene que ver con el sentido de compromiso. Como dijo Freire: “El compromiso sería una palabra hueca, una abstracción, si no involucra la decisión lúcida y profunda de quien lo asume. Si no se diera en el marco de lo concreto

Yo, por ahora, me siento con ganas de seguir aprendiendo y disfrutando de esta profesión. Pero el día que deje de hacerlo, sin duda alguna, voy a cambiar de trabajo.

[1] “Violencia y escuela” Averbuj, Bozzalla, Marina, Tarantino, Zaritsky (comp.). Editorial Aique. Año 2005.

Gracias a un blog que me gusta mucho: Mide / No Mide, encuentro esto sacado de acá:

“Una ola de inflación por suba de los precios de los alimentos se mueve a través del mundo, dejando protestas y gobiernos sacudidos a su paso. Por primera vez en 30 años protestas por alimentos están surgiendo en muchos lugares al mismo tiempo. En Bangladesh hay estallido; incluso China está preocupada. En el resto del mundo, la crisis de alimentos de 2008 testeará la afirmación de Amartya Sen, un economista indio, acerca de que las hambrunas no ocurren en democracia”.

La hambruna habitualmente significa hambre masiva. Las medidas de la crisis actual son miseria y desnutrición. Las clases medias en países pobres están dejando de lado planes de salud y dejando de lado la carne de manera de poder tener tres comidas al día. Los pobres, esos con dos dólares por día, sacan a sus hijios de las escuelas y dejan de comer vegetales, de manera de poder pagar por arroz. Los que viven con un dólar por día dejan de lado la carne, los vegetales y una o dos comidas diarias para pagar por un plato. Los desesperados -con 50 centavos por día- se enfrentan al desastre”.

Mientras tanto, en la Argentina, un grupo de productores agropecuarios realizó un lock out patronal con cortes de ruta por tiempo indeterminado que provocó desabastecimiento en las grandes ciudades e hizo subir artificialmente el precio de los alimentos para conservar sus actuales niveles de ganancias. Esto no lo dice The Economist. Lo digo yo. Digo, para ponerle perspectiva a la cosa.