Quiero matar


* A las 9:30am ya tomaste 4 colectivos.

* Llueven dos gotas y tardás 20 minutos en caminar las 4 cuadras desde el bondi hasta tu trabajo, saltando de piedra en piedra para no hundir el pie en el barro.

* Tenes compañeras de trabajo que se llaman Gladys y venden Avon.

* El colectivo que te deja más cerca es del año 1960 y se rompe. Hay que bajarse a empujar.

* Tu uniforme tiene broderie

* El guiso que te sirven tiene ojos y arterias de pollo, totalmente visibles.

* Nunca podés desabrigarte, no hay estufa y los vidrios están rotos.

* Hay mucho fanático de la virgen de Itatí around.

* Tus compañeros te invitan a reuniones en un tenedor libre chino donde podés llevarte algo de comida a tu casa.

* Tenés vista panorámica del riachuelo.

Hoy estoy quejosa, ya sé que prometí hablar bien de las maestras, será otro día. Ahora estoy ocupada corrigiendo, eso es para los que no creen que los docentes trabajamos tiempo extra. ;)

Ayer estaba en el 188 VIAJANDO PARADA, cosa que odio ya que no puedo leer y me abrutizo, y un viejo descarado y mugriento abrió la ventana para escupir, pero el bondi iba rápido y el viento devolvió la escupida, la misma fue a parar a mi bufanda! Lo que insulté al viejo ese…

El viernes hubo paro de auxiliares, o sea, la escuela se queda sin gente para cocinar y limpiar. ¡Escenario perfecto para suspender las clases!

Las maestras saltaban en una pata. En una de mis escuelas, la directora decidió llevar a cabo la jornada normalmente, permitiendo que algunas mamás que quisieran ayudar, se encargaran de cocinar algo sencillo y limpiar los baños para que los chicos no perdieran un día de clases. Pero claro, se encontró con la negativa de un grupo de docentes sin sentido de la dignidad, que, sin rodeos, abiertamente, expresaron su ira cortando la luz a escondidas.

Sí. Ellas ya habían preparado todo el jueves por la tarde: le dijeron a los chicos que no habría clases y les pidieron expresamente que se quedaran en casa.

Pero el viernes temprano, la directora estaba ahí, la puerta abierta y las maestras decidieron hacer la “travesura”. Luego de unos minutos sin luz, la directora pidió ayuda a un papá, el cual se encargó de solucionar el problema, y las maestras, quejándose, alentaban a los chicos que iban entrando a que volvieran a su casa, todo esto sin ningún tipo de pudor, delante de la directora y de los padres.

El día transcurrió normalmente pero con pocos chicos, sólo vinieron los que no faltan nunca: Luz y David, por ejemplo. Porque para ellos la escuela es la mejor parte de su día, el lugar donde se sienten queridos y atendidos, sin caos, sin frío. Donde pueden comer todos los días, donde tienen su espacio.

¿Por qué se lo vamos a negar?

Yo recibí a mis chiquitos con un abrazo fuerte, David me dijo: -Qué bueno que hay clases, ¿no?

Yo recordé que cuando era chica, un día sin clases era divertido. Me sentí triste por ellos, pero más triste por mis compañeras, que piensan que su tarea es tan irrelevante que un día sin llevarla a cabo no le hace mal a nadie.

Hace unas semanas observo la conducta de David, de 4to. grado. Su maestra me comentó que estaba trabajando, por eso llegaba siempre tarde a mis clases. El viernes pasado me acerqué a él en la fila y saqué el tema. Me contó que trabaja tres horas por día de lunes a viernes, primero dándole de comer a los animales de su jefe y luego manejando el carro que transporta frutas y verduras para vender por el barrio. Yo sé que el trabajo es pesado, las manos de David así lo indican, además, viene sucio a la escuela y sin guardapolvo.

Me contó que se le había roto la mochila y que él mismo la cosió y ahí lo interrumpí, le pregunté si su mamá trabajaba y me contestó que no. Yo, insistente, pregunté si ella estaba buscando trabajo. David repitió que no, que no estaba buscando.

Furiosa, le pedí a la maestra (una docente que admiro mucho), que me permitiera hablar con la madre de David, que por casualidad estaba en la escuela para firmar unos papeles. Las tres nos juntamos en un aula vacía, la maestra actuaba de mediadora entre las dos, suavizando la charla, pero omito algunos de sus comentarios para no hacer muy largo el post.

Maestra:

La citamos con la profesora porque queremos comentarle los progresos de David, está trabajando muy bien y queríamos saber cómo se porta en casa.

Bonaerense:

Además, la citamos porque David nos contó que está trabajando todos los días y que usted no tiene empleo, queríamos que nos cuente un poco acerca de eso.

Madre desnaturalizada (con cara de pobrecita):

Ah, sí…esteee…El Daví está trabajando, pero después se escapa al kioso para jugar al metegol, se gasta lo que gana en el metegol y en figuritas, no pone mucha plata en la casa.

Maestra:

Señora, sabe qué cosas lindas que nos cuenta David de su trabajo, es tan bueno que quiera venir a la escuela y estudiar después de tando esfuerzo…

Bonaerense (tratando de ser dulce):

Sabe que pasa, que David está en una edad en la que los chicos estudian y juegan, no es sano que trabajen y menos en las condiciones en las que lo hace David. Además, me dijo que usted no está buscando empleo, no sé qué tiene para decir al respecto.

Madre desnaturalizada:

No, no encuentro nada pero estoy buscando. Mire; la verdad es que él hasta el año pasado vivía con su tía, a una cuadra de mi casa, ahora vive conmigo pero no sé bien que hacer, no puedo con él, no sabía que esto iba a ser así.

Bonaerense:

Pero usted es la mamá, entonces tiene que hacerse cargo de su responsabilidad, su hijo la necesita y no está en condiciones de trabajar, usted es la que tiene que hacerlo, ¿me entiende? Además, usted tiene que cuidar que venga limpio y con el guardapolvo bien lavado y planchado.

Madre desnaturalizada:

Ah, eso yo no tengo la culpa, porque yo le digo que se bañe y no quiere.

Bonaerense:

Pero usted tiene que ponerle límites, no puede ser que los únicos límites los encuentre en la escuela, usted es su mamá, ¿me entiende?

Madre desnaturalizada:

No sé, capaz lo dejo de nuevo en lo de su tía, porque ya no sé francamente qué hacer con él.

Bonaerense (con ganas de surtirla ahí mismo, pero con cara de santa):

Mire señora; usted es la mamá, él la necesita, necesita que le cosa la mochila si se le rompe, que lo mande a bañarse, que le pregunte cómo le fue en la escuela y que lo ayude con la tarea. Eso necesita. Usted tiene suerte de tener el hijo que tiene, porque es un santo. Yo la llamé porque con la maestra no queremos pasar a otra instancia sin intentar primero el diálogo y el entendimiento de su parte, decidimos hablar primero para ver si se produce un cambio, pero desde ya le digo que vamos a seguir de cerca el caso de David. No lo tome a mal, sólo buscamos lo mejor para su hijo.

Madre desnaturalizada:

Bueno, le prometo que voy a buscar trabajo, no sé si eso es suficiente…

Bonaerense:

(¿no era que ya estabas buscando?) Sí! eso es un gran avance, además sería bueno que él ya no trabajara tantas horas.

Madre desnaturalizada:

Bueno, no lo voy a mandar más.

Bonaerense:

Muchas gracias. Estoy segura de que este cambio será positivo para la convivencia de ambos, y usted se va a sentir mejor, con más fuerzas y más gratificada como mujer, porque se va a hacer cargo de su hijo, como debe ser, acompañando sus progresos. ¿No le parece?

Madre desnaturalizada:

Sí, le prometo.

Bonaerense:

Bueno, entonces en unas semanas hablamos de nuevo y me cuenta los cambios que se fueron dando. Muchas gracias por venir.

¿Ven la razón de mi odio hacia algunas madres? Esta mujer se queda en su casa mirando tele y manda a su hijo a tirar de un carro. Pero les aseguro que le voy a hablar hasta que entienda. Tiene que entender. Quiero confiar en que va a cambiar la situación, y voy a hacer todo lo necesario para que así sea.

El martes se entregaron los boletines en una de las escuelas en las que trabajo. Cuatro alumnos me dijeron que sus madres querían conocerme. Cuando salí del aula y las ví, me sorprendió la situación: las cuatro estaban embarazadas, con un chiquito en brazos y otro de la mano. Les juro que parecía un chiste. Una era la mamá de Luz. No la conocía, pero sí conozco bien las necesidades de Luz; que come en la escuela y que se turnaba con dos hermanas para usar la única campera que tenían (con algunas compañeras le compramos a Luz la suya). El resto de las madres viven situaciones semejantes, tienen poco y nada. Les juro que me sentí frustrada, triste, con un poco de bronca también. Las madres me hablaban, sonreían, y yo por dentro me contenía para no pedirles razones suficientes que justifiquen esa seguidilla de hijos a los que no pueden cuidar ni brindar lo básico que necesita un chico para crecer y desarrollarse como debe. ¿Por qué tener siete, ocho hijos? Se me ocurre que probablemente están repitiendo lo que vieron de sus padres, pero no me cierra, creo que podemos darnos cuenta de lo que está bien y lo que está mal. Que tu hijo tenga hambre está mal, entonces, ¿no te das cuenta que no podés seguir teniendo hijos? Y no me vengan con que no saben de métodos anticonceptivos porque en cualquier salita les dan lo que pidan, además la gran mayoría son amas de casa, tienen tiempo de informarse.

Más tarde, en otra escuela, una compañera me contó que los vecinos de un alumno de 4to. grado tuvieron que llamar a la policía porque estaba durmiendo afuera de la casa, y no había manera de hacerlo entrar, su propia madre lo había echado, lo echa todas las noches que viene su nuevo novio, porque a este señor no le cae bien el chiquito. ¿Entienden mi odio? ¿Cómo canalizo estas ganas de matar a esa madre? Porque cuando supe eso quise pegarle, de verdad.

Cada vez que escucho historias como esta, entiendo las grandes demandas de mis alumnos. Los enojos si me olvido de abrazar a alguno antes de irme, o si le presto más atención a uno que a otro, si falto algún día. Esos berrinches, el amor desmedido, el terror a las vacaciones de invierno. ¿Se imaginan chicos que odien las vacaciones de invierno? Bueno, mis alumnos están tristes porque falta poco para ese último viernes, donde todos nos despedimos con una sonrisa, menos ellos.

PD: Es tarde y tengo sueño. Haré las correcciones del post mañana. La foto es de malísima calidad, pero dice: “Alumnos con riesgo de abandono”.

Update: Les recomiendo leer este post del blog “Pensamiento Sistémico” que recomendó muy acertadamente Ben Linus, lean “La contracepción podría ser una concepción errónea” después me cuentan que les pareció.

Hoy festejamos el cumpleaños de Luz y fue todo muy lindo. Ella estaba muy contenta, me hizo bien el día de hoy. Ésta escuela, donde llevé la torta, es una escuela con comedor. Tres de las escuelas en las que trabajo dan desayuno (mate cocido + alfajor o factura) y almuerzo (caliente) + fruta, las otras dos dan lo que se llama “merienda reforzada”, que es desayuno (mate cocido + alfajor o factura) y 2 empanadas, pizza, sandwich o similar. Las escuelas reciben siempre el mismo presupuesto, el problema es cómo lo gastan. Algunas dan a sus alumnos fideos pasados sin salsa 4 veces por semana y en otras la comida es rica, más sana y hay milanesas o hamburguesas una vez por semana. La onda es que si sobra, se puede repetir. Pero muchas veces las docentes tenemos que estar atentas porque las auxiliares de la cocina cocinan menos y se llevan a sus casas el sobrante. Es decir, carne, fideos, arroz, frutas, alfajores, harina y largo etcétera. Así también arrasan con las zapatillas y los guardaporlvos que llegan. Y hoy se quejaban de que no les dí torta.

¡Esssta les voy a dar torta! Sucias! Inmundas! Las odio!!

Bueno, llegó la hora de confesar. Yo odio con intensidad a algunos docentes por lo mugrientos, holgazanes, bocasucias, irrespetuosos y vulgares que pueden llegar a ser. No todas son brutas y desgreñadas, las hay normales también, pero parece que no trabajan en zona sur.

Para que tengan una pálida idea de lo que tengo que padecer, acá les dejo dos fotos que saqué en baños (que sólo podemos usar los docentes) de dos escuelas distintas; una de Budge y una de Barrio El Faro.

Algunas veces siento sinceros deseos de matar a mis compañeros de trabajo. Sobre todo a los que piensan que pueden decir lo que se les venga en gana porque, claro, trabajan con chicos. ¿De qué los van a acusar? Yo intento no pelearme, pero mi cara de pocos amigos habla por mí, en algunas escuelas no voy a la sala de profesores. Es insalubre, lo juro. Pero igualmente algunas veces tengo que escuchar boludeces en la formación previa a la salida:

Profesor pelotudo (a un alumno):

¿Qué hablás? ¡¿Por qué no te callás de una vez nene?!

Alumno de 5to grado:

sdjfglgfgk (no escuché)

Profesor pelotudo (al alumno):

Aparte ese no es tu lugar en la fila, ¿qué te hacés el alto si sos un enano?

Aclaro que es un profesor de Educación Física y los odio en general.