Vecinos


¿Se acuerdan cuando les conté sobre el barrio Libre Amanecer? Bueno, ahora está todo mucho más tranquilo, el tema es que faltan recursos para seguir mejorando las condiciones de vida de las tantas familias que habitan el barrio.

Desde el blog de mi amigo Juan Cinza les paso esta entrada, les recomiendo que la lean y espero puedan colaborar, estos pibes hacen mucho por Libre Amanecer.

Hace unos días que este circo está en la plaza de Budge. No me gustan los circos, nunca me gustaron; cuando era chica mi abuelo me llevó y lloré todo el tiempo al ver cómo sometían a los animales.

Los vecinos me contaron que los leones están muy flacos y que los alimentan con perros que les compran a los chicos del barrio a $10 cada uno. Mis alumnos adolescentes me aseguraron que era cierto, pero yo seguía incrédula. El jueves iba caminado por las calles de Budge y vi a un grupo de chicos atando perros de la calle con una piola, casi que se los llevaban arrastrando, pero los perros estaban tan débiles que no ofrecían resistencia. Cuando llamaron al que estaba cerca mío les pregunté a dónde llevaban a los perros y se fueron corriendo. El perro salió atrás de ellos, pero lo llamé y le di una tartita de membrillo para mantenerlo entretenido. Ahí todo me cerró: es cierto que hay menos perros en Budge.

Según me han contado los vecinos, el circo se queda en un lugar hasta que los vecinos denuncian a sus dueños por el estado de los animales, entonces escapan para otro barrio, y así.

circo

circo

Ayer le pedí a Sole y a Brian que me acompañaran a ver a uno de los leones, los otros están más lejos, del otro lado de las vías, y esa plaza es un poco peligrosa para andar sacando fotos.

No soy de las personas que sufren viendo animales en el zoológico, si están bien cuidados y tienen espacio suficiente para mí está bien, pero realmente me impresionó ver las condiciones en las que malviven estos animales.

Los vecinos de Budge quieren denunciar al circo, no sabemos bien a dónde llamar, si alguien sabe, por favor que no deje de contactarme.

Ya había escuchado de esas horas unas ocho veces, nadie las quería. Era mi oportunidad para empezar con adultos y no tenía ganas de desaprovecharla.

Tomé horas en la Media 224 de Ingeniero Budge. Todas mis compañeras y amigas me dijeron que estaba loca: es peligroso andar por esa zona cuando baja el sol. Pero como soy loca y pobre acepté igual.

Los vecinos se ofrecieron a ayudar y el viernes pasado (mi primer día) me presentaron a la secretaria con quien caminé hacia la escuela mientras me contaba acerca de los pibes y del barrio luego de las cinco de la tarde.

Cuando llegué tomé unos mates, leí un poco y me dispuse a revisar las listas. Siempre reviso los registros para enterarme la edad de mis alumnos, si son repetidores o lo fueron, si los padres tienen trabajo, dónde viven, etc. Así me enteré que no tienen inglés desde mayo (por falta de profesor) y que la mayoría de mis nuevos alumnos son menores que yo.

Llegó la hora. Entré al aula, me presenté, traté de ser dinámica, interesante, graciosa, simpática (pero no tanto), no sé. Traté de desenvolverme naturalmente en ese ambiente nuevo. Cuando sonó el tiembre del recreo me invitaron a tomar mate con galletitas. Uno de ellos me contó que quería tomar clases particulares porque en su trabajo le pidieron que aprenda lo básico y este año no había logrado entender nada. Lo vi tan entusiasmado que le ofrecí que viniese antes a la escuela en su día franco, que yo podía darle clases en ese tiempo libre que tengo hasta las seis y media. Le dije que no le cobraría, al contrario, que me gustaba la idea de utilizar ese tiempo en algo productivo. Dijo que sí con una sonrisa.

Los hijos de otra de mis alumnas se acercaron y me dieron un regalito. Al parecer, el curso me había aceptado.

Cuando se hizo la hora de conocer a 1ero. A, yo ya estaba más relajada. Con ellos todo se dio más fácil aún. Planeamos cómo serían las clases, les propuse que participaran en la planificación, les dije que estaba abierta a escuchar sus ideas.

Cuando sonó el timbre les pregunté si era peligroso esperar el 32 en la parada, pero Irma, una de mis alumnas, se ofreció a acompañarme.

Cuando me subí al bondi me alegré de que nadie estuviera a mi lado: estaba tan feliz con la experiencia, con mi trabajo a lo largo del año, con el hecho de haber elegido esta profesión y ejercerla en el sur (que amo tanto) que podría haber sonado empalagosa.

No hay mucho más. Quería contarles que los miércoles y viernes llego más tarde a mi casa y que no me quejo.

Acabo de leerlo y me da mucha pena porque paso todos los días por ahí. Es distinto cuando se conocen vecinos, cuando hay alumnos míos que van a sufrir semejante tormento.

Yo sabía que este momento iba a llegar, pero no quería que llegara tan pronto.

La verdad me amarga bastante este tema, soy de las que lloran cuando ven un desalojo por televisión.
Por un lado creo que desde el principio sabían que en algún momento los iban a sacar de allí, pero entonces tendrían que sacarnos a todos nosotros, porque hace muchísimos años usurpamos la tierra que no nos pertenecía.
No se para que querrán ese basural en Hornos y Carlos Pellegrini, un Mc. Donalds seguro que no van a poner. Porque antes de que llegaran los vecinos era eso: un basural.
Entiendo que esas tierras tienen dueño, pero no puedo olvidar el hecho de que doscientas familias se van a quedar sin lugar para vivir.

Que se puede hacer con ese predio? Prefiero que sirva para todas esas familias que llegaron hace dos años porque no tenían otra solución, no me vengan con que “yo pago alquiler” porque seguro no querrían cambiar su hogar por una casilla a 5 metros del riachuelo.
Es de publico conocimiento que es muy difícil alquilar una propiedad, incuso una habitación de hotel (ni hablar de comprar).

Siempre supe que los iban a desalojar, pero me encantaría que el estado se hiciera cargo (si, muy naive), no es justo que tengan que destruir todo lo que armaron. Ya tienen demasiado con haber nacido en situación de pobreza y con muchas menos oportunidades de salir adelante.

No avalo la ocupación, pero la entiendo como ultima posibilidad de salir de la calle.