Mon 2 Jun 2008
Los docentes que dicen que no tienen un alumno preferido están mintiendo. Tenemos que decir eso cuando los chicos nos preguntan, pero en el fondo sabemos que hay uno o dos alumnos que nos llegan más que el resto. En mi caso, este año mi alumna favorita es Romina y mi alumno favorito es Ricardo. Ambos son de 4to. grado.
La semana pasada Ricardo estaba triste. Él es siempre muy dulce y tranquilo, nunca lo había visto inquieto, ese día salió del aula sin permiso y lo reté. Le dije que se quedara afuera. Cuando salí a mirarlo lo vi llorar. A los dos minutos sonó el timbre del recreo y los demás salieron, les pedí a todos que me dejaran sola con Papu (así le dicen). Miraba por la ventana y no paraba de llorar, en silencio y con lágrimas pesadas, las dejaba correr, no le molestaban. Yo traté de calmarlo y no pude. Le hablé, le pedí que me contara por qué lloraba, estuve todo el recreo y los veinte minutos de comedor tratando de calmarlo. Me sentí impotente y torpe, lo llevé a gabinete. Ahí se quedó, y yo tuve que volver con el grupo, pero me sentía mal. No sabía por qué estaba así y me dolía eso, pero más me dolía el hecho de que no pude calmarlo, me sentía culpable por haberlo retado. Al rato vi a Papu desde una ventana jugando con la maestra integradora. Ya estaba mejor, pero yo seguía amargada.
La clase siguiente hablé con su maestra y ella me contó que a Papu lo operaron hace poco. Su papá desaparece cada tanto, pero Papu esperaba verlo en el hospital. Lo esperó varios días, le costó recuperarse, pero su papá nunca llegó y eso lo dejó triste.
Unos minutos después lo vi jugando en el recreo. Nos miramos y me acerqué de a poquito, con miedo. Le conté que me había dejado preocupada, le pregunté si estaba mejor. No me respondió, pero me abrazó fuerte, muy fuerte, como cuando uno abraza a alguien que quiere mucho. En ese instante pensé que todo tenía sentido: los viajes en colectivo, la voz afónica, la inseguridad, el cansancio. Ese día me sentí muy afortunada de ser parte de la vida de todos mis alumnos.





Hoy llegué cansada a mi casa. Dos de mis alumnos de Budge se pelearon por unas pocas bolitas. Porque en la escuela donde trabajo las bolitas cotizan alto, y en el caso de las chicas se entretienen jugando al elástico. Los juguetes que tienen son viejos y están sucios, fueron de otros chicos antes de llegar a sus manos.
