Hoy tengo un día súper cursi y temo que si posteo lo que tengo ganas de contarles, van a pedirme mi dirección para venir a tirarme todo tipo de vegetales por la cabeza. Es que yo tengo el mejor trabajo del mundo y quiero que sepan que voy a extrañar tanto a mis alumnos en estas vacaciones que ya estoy pensando excusas para visitarlos. Soy una pesada.

Romi tiene un quiste en la carita desde hace dos meses, no sabíamos bien qué era, pero pasó siete días en el hospital y estuvo un mes sin venir a la escuela. El viernes, llegando a la escuela, escuché su vocecita llamándome y me sentí más que feliz, nos abrazamos y me agradeció las cartas que le mandé a través de Matías, su hermano.

Me dijo que tenía un regalo para mí, y me dio un anillo muy lindo que le había regalado uno de los médicos que la trató en el hospital. Me emocioné mucho, le agradecí y entramos de la mano a la escuela. Cuando llegó el momento de formar me dijo: -Seño, ¿me puedo sentar con vos hoy y ser tu secretaria?

Y la verdad es que sí, fue mi secretaria todo el día y se sentó a mi lado, porque así lo necesité yo. Necesito esos besos y abrazos diarios, sus palabras y sus cartitas. No sé cómo haría si tuviese que trabajar en una oficina, aunque sé que si tuviera un trabajo más rentable, podría ayudarlos igual o mejor. Pero la verdad es que ellos me dan más a mí de lo que yo a ellos.

Les dije que era cursi.

Antes de que me peguen, les cuento algunas novedades:

* El tío de Gabriel ya tiene silla de ruedas gracias a una vecina que la donó, está muy contento.

* El papá de Papu sigue preso, tengo miedo de que extrañe mucho la escuela, así que voy a ver cómo hago para visitarlo durante las vacaciones.

* Nos vamos a Temaikén a pesar del riesgo que implica. Nunca se sabe qué puede pasar, por eso, me gustaría poder llevar a una de las mamás de mis alumnos, para quedarme más tranquila.

* Muchas gracias a todos los que se ofrecieron para colaborar, ya les mandaré mail.

* David viene mucho mejor a la escuela; limpio y perfumado,  no está trabajando.

* Gracias a Vicky por su donación! Y a Fabiana por su paciencia. :)

Este post lo hice desde un locutorio, en un descanso, ahora debo volver a la escuela, así que disculpen si está mal redactado.

El viernes pasado, en una hora libre, bajé a la sala de maestros a fumar un cigarrillo. Oí una conversación en la secretaría; una mamá le pedía a la directora que permitiera a sus hijos comer en la escuela, dijo que no comían desde el miércoles. La directora los llevó a todos al comedor, y yo no pude con mi genio, apagué el cigarrillo y salí de la sala con la excusa de darles algunas cosas que había comprado previamente en un supermercado de puente La Noria.

Cuando llegué al comedor ví seis chiquitos comiendo desesperados, una de ellas era mi ex-alumna, Brisa.

Su mamá se mudó a Monte Grande hace poco, ya que su pareja, papá de algunos de sus hijos, los golpeaba a todos cuando se emborrachaba. Brisa y sus hermanos están flaquitos y tienen muchos problemas de aprendizaje. Ella me había dicho que iba a dejar la escuela, así que cuando la ví nos abrazamos fuerte y se sentó en mi falda, agarrándome fuerte con una mano y sosteniendo la cuchara con la otra. La mamá me contó que habían entrado a su nueva casa y les habían robado las pocas cosas que tenían. Contó toda la situación llorando; todos lloraban, pero de a poco se fueron calmando, se sentían a salvo, estaban en la escuela.

Volvieron los siete desde Monte Grande a pedir ayuda, a sentirse resguardados, a buscar consuelo. Me tranquiliza que mi escuela sea un refugio para ellos, pero a la vez me aterra reconocer que algunas veces, la escuela cuple una única función: es un lugar donde los chicos vienen a comer y a jugar, porque en sus casas no pueden hacerlo.

¿Cómo hago para exigirle a Brisa que estudie para la prueba si come cada dos días? ¿Cómo califico a Papu, que está totalmente deprimido porque el papá está preso?

Subí al aula y le conté a la maestra que Brisa estaba en el comedor. A ambas se nos llenaron los ojos de lágrimas, bajamos a despedirnos y Brisa me dio el número de celular de su mamá y me dijo: -“Seño, mandame un mensajito aunque sea, porque te extraño mucho”.

Cuando estaba en el colectivo volviendo a casa, pensé en estas vacaciones que ya se vienen y en las ganas que tengo de juntar a algunos de mis chiquitos y llevarlos a pasar el día conmigo a Temaiken. Quiero que aunque sea por un día no reciban malas noticias ni esten tristes. Quiero darles lo que me pidan ese rato; que descubran, que jueguen, que se diviertan mucho. Porque, créanme, no hay nada, nada que me haga más feliz que verlos contentos.

Iba a postear acerca del aniversario de la independencia, del precioso acto que presencié el martes o de las ganas con las que mañana celebraremos otros dos más en distintas escuelas. Pero no puedo, porque no dejo de pensar en el episodio donde unos alumnos del Polimodal nro. 8 de Temperley filmaron a su profesora, quien ni se inmutó cuando uno de ellos colocó un preservativo en su cabeza ni cuando le quemaron el pelo.

Yo conozco a esta mujer. Y créanme que ya he hablado de ella con mi familia y amigos. Es impresentable. No puedo creer que esté dando clases, porque no debería hacerlo. Ella dice que hace veinte años que es docente, pero me consta que no sabe nada de nada. Tiene trabajo porque en la provincia casi cualquiera puede trabajar, simplemente con tener algún certificado que demuestre que estudiaste el idioma en algún momento de tu vida, ya es suficiente. Hay que cubrir muchos cargos, entonces, en las aulas, hay personas que no tienen idea de cómo llevar una clase adelante, no saben nada de la metodología que se debe emplear ni qué técnicas usar; no planifican, improvisan. Para que se hagan una mejor idea del asunto, estas personas pueden enseñar dos tiempos verbales en una misma clase, aunque sus alumnos no sepan los pronombres personales. No les importa y nadie las controla.

Esta mujer no tiene buena presencia, es sucia y no creo que esté en sus cabales, ya que no cuida su higiene personal.

Que esté trabajando es una falta de respeto hacia los alumnos, ellos no merecen perder el tiempo con una mujer que no tiene idea de dónde está parada. No quiero defenderlos, pero trabajo en escuelas mucho más violentas que esa, y creo férreamente que no hubiesen hecho lo que hicieron con una profesora real. No creo que a mí me hubiese pasado, por ejemplo. Y no lo digo para hacer alarde de mi desempeño como docente, creo que llegaron a ese punto porque ella ignoró muchas otras agresiones que, previamente, se fueron dando con su consentimiento. No entiendo a la otra docente que daba clases como si nada mientras un alumno la agredía y otro la filmaba. Basta. Esta gente tiene que recibir una sanción. No es el caso de una moza inútil que te trae el café frío o se equivoca de empanada, los docentes que no están aptos para ejercer le hacen daño a sus alumnos. Y no me vengan con que hoy en día las aulas son peligrosas, sí, lo acepto, pero nadie nos obliga a enseñar.

A los alumnos hay que sancionarlos, sí, pero a ella también. No puede seguir entrando a otras aulas a seguir con esa improvisación, porque los chicos lo perciben y rechazan la materia. Si ella estuviera sana, trabajaría dando clases particulares desde su casa o buscaría otra cosa para hacer, porque es claro que no puede ejercer su tarea. Y si no me creen, miren:

¿No parece un chiste? Si quieren pueden buscar el video donde ella habla de lo sucedido y queda claro que no puede hilar una frase coherente. Es muy triste.

Por último: Creo que muchas agresiones se dan porque el docente pide ayuda y no encuentra respuesta por parte de la dirección. Cuando esto ocurre, los alumnos se permiten actitudes inaceptables porque saben que el profesor no puede hacer demasiado. Igualmente creo que en este caso, ni la profesora ni los directivos tienen excusa. Son un desastre.

* A las 9:30am ya tomaste 4 colectivos.

* Llueven dos gotas y tardás 20 minutos en caminar las 4 cuadras desde el bondi hasta tu trabajo, saltando de piedra en piedra para no hundir el pie en el barro.

* Tenes compañeras de trabajo que se llaman Gladys y venden Avon.

* El colectivo que te deja más cerca es del año 1960 y se rompe. Hay que bajarse a empujar.

* Tu uniforme tiene broderie

* El guiso que te sirven tiene ojos y arterias de pollo, totalmente visibles.

* Nunca podés desabrigarte, no hay estufa y los vidrios están rotos.

* Hay mucho fanático de la virgen de Itatí around.

* Tus compañeros te invitan a reuniones en un tenedor libre chino donde podés llevarte algo de comida a tu casa.

* Tenés vista panorámica del riachuelo.

Hoy estoy quejosa, ya sé que prometí hablar bien de las maestras, será otro día. Ahora estoy ocupada corrigiendo, eso es para los que no creen que los docentes trabajamos tiempo extra. ;)

Ayer estaba en el 188 VIAJANDO PARADA, cosa que odio ya que no puedo leer y me abrutizo, y un viejo descarado y mugriento abrió la ventana para escupir, pero el bondi iba rápido y el viento devolvió la escupida, la misma fue a parar a mi bufanda! Lo que insulté al viejo ese…

El viernes hubo paro de auxiliares, o sea, la escuela se queda sin gente para cocinar y limpiar. ¡Escenario perfecto para suspender las clases!

Las maestras saltaban en una pata. En una de mis escuelas, la directora decidió llevar a cabo la jornada normalmente, permitiendo que algunas mamás que quisieran ayudar, se encargaran de cocinar algo sencillo y limpiar los baños para que los chicos no perdieran un día de clases. Pero claro, se encontró con la negativa de un grupo de docentes sin sentido de la dignidad, que, sin rodeos, abiertamente, expresaron su ira cortando la luz a escondidas.

Sí. Ellas ya habían preparado todo el jueves por la tarde: le dijeron a los chicos que no habría clases y les pidieron expresamente que se quedaran en casa.

Pero el viernes temprano, la directora estaba ahí, la puerta abierta y las maestras decidieron hacer la “travesura”. Luego de unos minutos sin luz, la directora pidió ayuda a un papá, el cual se encargó de solucionar el problema, y las maestras, quejándose, alentaban a los chicos que iban entrando a que volvieran a su casa, todo esto sin ningún tipo de pudor, delante de la directora y de los padres.

El día transcurrió normalmente pero con pocos chicos, sólo vinieron los que no faltan nunca: Luz y David, por ejemplo. Porque para ellos la escuela es la mejor parte de su día, el lugar donde se sienten queridos y atendidos, sin caos, sin frío. Donde pueden comer todos los días, donde tienen su espacio.

¿Por qué se lo vamos a negar?

Yo recibí a mis chiquitos con un abrazo fuerte, David me dijo: -Qué bueno que hay clases, ¿no?

Yo recordé que cuando era chica, un día sin clases era divertido. Me sentí triste por ellos, pero más triste por mis compañeras, que piensan que su tarea es tan irrelevante que un día sin llevarla a cabo no le hace mal a nadie.

Tengo algunas noticias para compartir:

Las buenas:

*David me contó que no va a ir más a trabajar, a pedido de su mamá (no cantemos victoria yet).

* Gracias a dos lectoras que me alentaron con el tema de CILSA, en dos meses, el tío de Gabriel tendrá su silla de ruedas!!

* Pronto podré subir fotos de las mejoras en la casa de Miguel.

Las malas:

* Luz ayer me contó (llorando, pobrecita), que entraron a su casa a robar y se llevaron muchas cosas, hasta una de las camas. Ya saben que si pueden colaborar con algo, será bien recibido.

Antes de irme, les cuento que fui a Starbucks, y se me ocurrió sacar de mi mochila una de las tartitas que les dan a los chicos para acompañar el desayuno. Mi día a día es un poco como esta foto, de Palermo a Villa Fiorito. No me molesta, al contrario, me gustan por igual el café y las tartitas.

Directamente del blog de María Esperanza:

Por qué vamos a la plaza

Hoy (por mañana miércoles 18 de junio) a las 13 nos concentramos en Avenida de Mayo y Perú, en defensa de la democracia y en reclamo de mayor distribución de la riqueza y participación popular.

Lo haremos desde nuestra propia identidad y sin ahorrar críticas al Poder Ejecutivo Nacional, pero en respaldo de la institucionalidad democrática y de las medidas progresivas que enfurecieron a una nueva derecha que usa la retórica del diálogo y el consenso y se envuelve en los símbolos nacionales mientras pretende mantener sus privilegios. Con lock-out patronal y desabastecimiento no hay vocación de dialogo. Es imprescindible el levantamiento de las medidas de fuerza, y que el gobierno haga una amplia convocatoria a todos los sectores involucrados, para la discusión integral de un nuevo modelo productivo.

Somos miembros de organizaciones sindicales como la CTA, CTERA, la Unión Obrera Metalúrgica, CONADU; de movimientos como Tupac Amaru y Movimiento Nacional Patria Grande; de organismos de derechos humanos como el CELS, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, las Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos; de pequeños empresarios, como la Asamblea de PYMES y el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos; economistas del Plan Fénix; decanos y profesores universitarios, científicos e investigadores; sacerdotes en opción por los pobres; dirigentes políticos que demostramos la posibilidad de construir alternativas populares sin clientelas ni aparatos; intelectuales y artistas integrantes del agrupamiento Carta Abierta y ciudadanos sin militancia partidaria ni institucional.

No formamos parte del gobierno. Objetamos la destrucción del INDEC y la construcción del tren bala, la negativa a reconocer la personería de la CTA y la alianza con sectores de la mal llamada burguesía nacional, que fue socia de los gobiernos neoliberales. Consideramos intolerable el mantenimiento de altos niveles de hambre y exclusión en uno de los grandes países productores de alimentos del mundo.

Pero la restauración conservadora en marcha, con el impulso de un sector de la izquierda que imagina protagonizar una revolución agraria, no cuestiona los defectos sino los aciertos del gobierno, al que intenta imponerle sus intereses económicos por encima del interés general, sin reparar en costos ni en métodos. Cuestiona la reconstrucción de la autoridad del Estado luego del colapso de 2002, el saneamiento de la Corte Suprema de Justicia, el juicio a los responsables del Estado terrorista, el drástico descenso de la desocupación, la recuperación del régimen jubilatorio estatal, el establecimiento de un haber para las personas mayores de 70 años que no tenían ninguno, el aumento del presupuesto educativo, la creación de un ministerio de ciencia y tecnología, la política exterior independiente, en asociación con los gobiernos democráticos de Sudamérica. No busca un avance sino un salto atrás.

Contra toda evidencia se acusa de autoritario y soberbio al primer gobierno que ha prohibido el uso de armas de fuego en el control de manifestaciones y se moteja de represión violenta al desalojo con guantes de seda de la ruta del MERCOSUR, por la que desde hace tres meses no se permite el tránsito de mercaderías, obligando a tirar millones de litros de leche y toneladas de frutas y verduras. De ese clima deslegitimador, parecido al que minó la presidencia de Arturo Illia, participan en forma tan entusiasta como irreflexiva sectores de las clases medias urbanas influidos por la cobertura tendenciosa de diarios y canales de televisión temerosos de que se democratice la comunicación de masas.

De esta crisis, no menos grave porque se la niegue, sólo se sale con más democracia y más distribución de la riqueza. Para ello se impone una reforma impositiva integral, que grave a todos los sectores que en estos años han tenido beneficios extraordinarios, como la especulación financiera, la minería y la pesca.

Ésa es la voz propia con la que hoy iremos a la Plaza de Mayo, en defensa del valioso trayecto recorrido desde mayo de 2003 y en demanda de su profundización, con mayor calidad institucional y con la participación popular.

Hugo Yasky, Martín Sabbatella, Horacio Verbitsky, Laura Conte, Juan Gelman, Adrián Paenza, Eduardo de la Serna, Abraham Gak, Juan Pablo Paz, Carlos Heller, Horacio González, Nicolás Casullo, Lilia Ferreyra, Ana Cacopardo, Victorio Paulón, Stella Maldonado, Roberto Baradell, Carlos De Feo, Juan Carlos Junio, Alejandro Dolina, Juano Villafañe, Vicente Battista

Hace unas semanas observo la conducta de David, de 4to. grado. Su maestra me comentó que estaba trabajando, por eso llegaba siempre tarde a mis clases. El viernes pasado me acerqué a él en la fila y saqué el tema. Me contó que trabaja tres horas por día de lunes a viernes, primero dándole de comer a los animales de su jefe y luego manejando el carro que transporta frutas y verduras para vender por el barrio. Yo sé que el trabajo es pesado, las manos de David así lo indican, además, viene sucio a la escuela y sin guardapolvo.

Me contó que se le había roto la mochila y que él mismo la cosió y ahí lo interrumpí, le pregunté si su mamá trabajaba y me contestó que no. Yo, insistente, pregunté si ella estaba buscando trabajo. David repitió que no, que no estaba buscando.

Furiosa, le pedí a la maestra (una docente que admiro mucho), que me permitiera hablar con la madre de David, que por casualidad estaba en la escuela para firmar unos papeles. Las tres nos juntamos en un aula vacía, la maestra actuaba de mediadora entre las dos, suavizando la charla, pero omito algunos de sus comentarios para no hacer muy largo el post.

Maestra:

La citamos con la profesora porque queremos comentarle los progresos de David, está trabajando muy bien y queríamos saber cómo se porta en casa.

Bonaerense:

Además, la citamos porque David nos contó que está trabajando todos los días y que usted no tiene empleo, queríamos que nos cuente un poco acerca de eso.

Madre desnaturalizada (con cara de pobrecita):

Ah, sí…esteee…El Daví está trabajando, pero después se escapa al kioso para jugar al metegol, se gasta lo que gana en el metegol y en figuritas, no pone mucha plata en la casa.

Maestra:

Señora, sabe qué cosas lindas que nos cuenta David de su trabajo, es tan bueno que quiera venir a la escuela y estudiar después de tando esfuerzo…

Bonaerense (tratando de ser dulce):

Sabe que pasa, que David está en una edad en la que los chicos estudian y juegan, no es sano que trabajen y menos en las condiciones en las que lo hace David. Además, me dijo que usted no está buscando empleo, no sé qué tiene para decir al respecto.

Madre desnaturalizada:

No, no encuentro nada pero estoy buscando. Mire; la verdad es que él hasta el año pasado vivía con su tía, a una cuadra de mi casa, ahora vive conmigo pero no sé bien que hacer, no puedo con él, no sabía que esto iba a ser así.

Bonaerense:

Pero usted es la mamá, entonces tiene que hacerse cargo de su responsabilidad, su hijo la necesita y no está en condiciones de trabajar, usted es la que tiene que hacerlo, ¿me entiende? Además, usted tiene que cuidar que venga limpio y con el guardapolvo bien lavado y planchado.

Madre desnaturalizada:

Ah, eso yo no tengo la culpa, porque yo le digo que se bañe y no quiere.

Bonaerense:

Pero usted tiene que ponerle límites, no puede ser que los únicos límites los encuentre en la escuela, usted es su mamá, ¿me entiende?

Madre desnaturalizada:

No sé, capaz lo dejo de nuevo en lo de su tía, porque ya no sé francamente qué hacer con él.

Bonaerense (con ganas de surtirla ahí mismo, pero con cara de santa):

Mire señora; usted es la mamá, él la necesita, necesita que le cosa la mochila si se le rompe, que lo mande a bañarse, que le pregunte cómo le fue en la escuela y que lo ayude con la tarea. Eso necesita. Usted tiene suerte de tener el hijo que tiene, porque es un santo. Yo la llamé porque con la maestra no queremos pasar a otra instancia sin intentar primero el diálogo y el entendimiento de su parte, decidimos hablar primero para ver si se produce un cambio, pero desde ya le digo que vamos a seguir de cerca el caso de David. No lo tome a mal, sólo buscamos lo mejor para su hijo.

Madre desnaturalizada:

Bueno, le prometo que voy a buscar trabajo, no sé si eso es suficiente…

Bonaerense:

(¿no era que ya estabas buscando?) Sí! eso es un gran avance, además sería bueno que él ya no trabajara tantas horas.

Madre desnaturalizada:

Bueno, no lo voy a mandar más.

Bonaerense:

Muchas gracias. Estoy segura de que este cambio será positivo para la convivencia de ambos, y usted se va a sentir mejor, con más fuerzas y más gratificada como mujer, porque se va a hacer cargo de su hijo, como debe ser, acompañando sus progresos. ¿No le parece?

Madre desnaturalizada:

Sí, le prometo.

Bonaerense:

Bueno, entonces en unas semanas hablamos de nuevo y me cuenta los cambios que se fueron dando. Muchas gracias por venir.

¿Ven la razón de mi odio hacia algunas madres? Esta mujer se queda en su casa mirando tele y manda a su hijo a tirar de un carro. Pero les aseguro que le voy a hablar hasta que entienda. Tiene que entender. Quiero confiar en que va a cambiar la situación, y voy a hacer todo lo necesario para que así sea.

El martes se entregaron los boletines en una de las escuelas en las que trabajo. Cuatro alumnos me dijeron que sus madres querían conocerme. Cuando salí del aula y las ví, me sorprendió la situación: las cuatro estaban embarazadas, con un chiquito en brazos y otro de la mano. Les juro que parecía un chiste. Una era la mamá de Luz. No la conocía, pero sí conozco bien las necesidades de Luz; que come en la escuela y que se turnaba con dos hermanas para usar la única campera que tenían (con algunas compañeras le compramos a Luz la suya). El resto de las madres viven situaciones semejantes, tienen poco y nada. Les juro que me sentí frustrada, triste, con un poco de bronca también. Las madres me hablaban, sonreían, y yo por dentro me contenía para no pedirles razones suficientes que justifiquen esa seguidilla de hijos a los que no pueden cuidar ni brindar lo básico que necesita un chico para crecer y desarrollarse como debe. ¿Por qué tener siete, ocho hijos? Se me ocurre que probablemente están repitiendo lo que vieron de sus padres, pero no me cierra, creo que podemos darnos cuenta de lo que está bien y lo que está mal. Que tu hijo tenga hambre está mal, entonces, ¿no te das cuenta que no podés seguir teniendo hijos? Y no me vengan con que no saben de métodos anticonceptivos porque en cualquier salita les dan lo que pidan, además la gran mayoría son amas de casa, tienen tiempo de informarse.

Más tarde, en otra escuela, una compañera me contó que los vecinos de un alumno de 4to. grado tuvieron que llamar a la policía porque estaba durmiendo afuera de la casa, y no había manera de hacerlo entrar, su propia madre lo había echado, lo echa todas las noches que viene su nuevo novio, porque a este señor no le cae bien el chiquito. ¿Entienden mi odio? ¿Cómo canalizo estas ganas de matar a esa madre? Porque cuando supe eso quise pegarle, de verdad.

Cada vez que escucho historias como esta, entiendo las grandes demandas de mis alumnos. Los enojos si me olvido de abrazar a alguno antes de irme, o si le presto más atención a uno que a otro, si falto algún día. Esos berrinches, el amor desmedido, el terror a las vacaciones de invierno. ¿Se imaginan chicos que odien las vacaciones de invierno? Bueno, mis alumnos están tristes porque falta poco para ese último viernes, donde todos nos despedimos con una sonrisa, menos ellos.

PD: Es tarde y tengo sueño. Haré las correcciones del post mañana. La foto es de malísima calidad, pero dice: “Alumnos con riesgo de abandono”.

Update: Les recomiendo leer este post del blog “Pensamiento Sistémico” que recomendó muy acertadamente Ben Linus, lean “La contracepción podría ser una concepción errónea” después me cuentan que les pareció.

Sí, ¿qué esperaban? Así como se asocia a las prostitutas de pueblo con los camioneros, a las docentes se nos asocia con los remiseros.

Es la prueba de fuego: en cuanto te tira onda un remisero ya sos docente de la provincia.

Lo que me pasó ayer es como una anécdota de Feminoides, pero patética y en la villa.

La historia del día comienza con Rubén llevándome de una escuela a otra en su cascajo oxidado, un simple viaje de quince minutos le bastó para abrirse y contarme su vida.

El remisero sufrió un hurto importante por parte de su ex-novia, quien le hizo sacar un crédito y en cuanto tuvieron la plata en la mano se fue con el botín a Dios sabe dónde. La había mantenido durante los seis años de noviazgo (él laburaba y ella lo esperaba con el mate y los bizcochitos de grasa) y por supuesto la tenía como a una reina: le compraba ropa de Scombro, la llevaba al tenedor libre más lujoso de Lanús, le pagó el vestido de quince a la hermana, le compró un perro de raza. Él hizo de todo por la relación, pero la chica resultó ser una ingrata.

Convengamos que mi pretendiente estaba dándo lástima de entrada, al contar todo esto yo no hice más que reír a carcajadas y confesarle que no podía ser tan inocente! Rapidamente cambió su táctica y les juro que en menos de diez minutos armó otra historia con todas sus cualidades más sus ideas a futuro. no escuché demasiado, recuerdo frases como:

* “Yo no me bajo del remis hasta que no hago 80 pesos”

* “Nosotros (el perro de raza y él) vamos de vacaciones a la costa”

* “Tengo tarjeta shopping”

* “Hay un pool en Lanús que quiero que conozcas”

* “Quiero ser policía, porque se gana bien”

* “vos tenés pinta de inteligente, te debe gustar el reggaeton y todo eso”

Un momento muy patético, imaginen que quería explicarle todo desde un principio, que no se puede atraer a nadie con ese discurso, pero no había tiempo, ya estabamos en la escuela.

Antes de bajarme me dijo:

Remisero loser:

Tengo un regalo para vos

yo:

ah, sí? que bueno! (con cara de sarcasmo)

Remisero loser (dándome una rosa y una foto pegada con cinta al tallo):

Es la foto de Zeus y yo en nuestras vacaciones en Las Toninas

yo:

Uau, qué loco. Che, buenísimo todo, pero me tengo que bajar.

Remisero Loser:

Bueno, ¿te gustó mi regalo?

yo:

Uff! no sabés! no sé cómo hice para vivir 25 años sin esto! (risas)

Remisero loser:

Qué mala! Te hacés la mala, porque tenés cara de buena.

yo:

Bueno, ya fue suficiente, todo bien, pero tengo novio, vivo con él hace mucho, bla bla, chau y gracias por traerme.

Remisero loser:

Ya te voy a sacar buena a vos! (levantando una ceja)

yo (con cara de asco + S.O.S):

No! basta! ¿cómo abro la puerta? ¿no entendés nada de lo que te digo? chau, todo bien pero NO!

Remisero:

No, pará, me vas a romper la manija, ya me bajo y te abro

Finalmente pude escapar del remisero, costó, pero pude. Digan la verdad: ¿no soy re tap?

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